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Deuda externa y corrupción en el nacimiento de la República | Deuda externa y corrupción en el Oncenio de Leguía
Deuda externa y corrupción en el Perú

César Vásquez Bazán

"Sistema funciona admirablemente. Manden más dinero."

Mensaje de un jugador en el Casino de Montecarlo
(Citado por Jorge Basadre)

El presidente electo del Perú, señor Toledo Manrique, ha notificado al país que el próximo ministro de economía y finanzas será un ex-peruano nacionalizado estadounidense.

A su vez, el funcionario nominado ha hecho saber que próximamente la república emitirá en el mercado de Nueva York bonos -a los que él denomina "soberanos"- por valor de $700 millones, posiblemente a través de Citibank y J.P. Morgan & Co.

Las declaraciones de los representantes del régimen electo no sólo presagian el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento externo de nuestro país sino que hacen notar que el gobierno del señor Toledo desempolvará la vieja política de los empréstitos, que tanto daño económica y moral causara al Perú desde su nacimiento como república independiente. Confirmando lo que señalara Haya de la Torre hace tres cuartos de siglo, "la política financiera de nuestros gobiernos se sigue reduciendo a una loca sucesión de grandes empréstitos". Sin lugar a dudas, con el señor Kuczynski como ministro de economía, el Perú volverá a las peligrosas prácticas de endeudamiento seguidas por distintas administraciones republicanas y cuyo mejor exponente fuera el corrupto y servil régimen del "oncenio" que encabezara Augusto Bernardino Leguía Salcedo.

Los tiempos que se avecinan hacen necesario examinar las experiencias de nuestro país en materia de deuda externa y corrupción. Por eso iniciamos con esta publicación una serie de notas breves en las que revisaremos capítulos poco difundidos de la historia económica, social y política de la deuda externa del Perú. En estos artículos se podrá apreciar la facilidad con que se asocian las negociaciones de deuda externa y la corrupción. Desde San Martín hasta Fujimori, pasando por Velasco y Belaúnde, y desde Paroissien y García del Río hasta Joy Way, Camet y Boloña, pasando por Morales Bermúdez, Ulloa y Rodríguez Pastor, podremos apreciar la repetición de una serie de regularidades en cuanto a políticas de endeudamiento e inmoralidad de los funcionarios públicos. Las principales características se señalan a continuación:

- Los recursos externos obtenidos mediante el endeudamiento se aplicaron, en una importante proporción, a fines no productivos como son la importación de armamentos, los gastos militares, el servicio de préstamos anteriores, la financiación de los déficit fiscales, y a la implementación de proyectos que no sólo carecieron de retornos económicos sino que además fueron incapaces de generar moneda extranjera en la cantidad necesaria para atender el servicio de la deuda.

- Casi nunca se han producido en el Perú discusiones democráticas sobre las causas y consecuencias políticas, económicas, financieras y sociales del endeudamiento externo. Prescindiendo de la consideración de los regímenes militares -en los que el procedimiento de endeudamiento fue aún más expeditivo- en las administraciones en las que existió un Congreso los préstamos fueron propuestos por el poder ejecutivo y aprobados por el legislativo sin mayor discusión, muchas veces en una sola sesión parlamentaria y por unanimidad.

- Dado lo "delicado" del tema del endeudamiento externo, las negociaciones de los préstamos y la correspondiente documentación siempre constituyeron secreto de estado o fueron simplemente inaccesibles. Para sus promotores, parapetados en una falsa imagen de tecnicismo, la trascendencia y la rapidez con la que debían realizarse las negociaciones justificó que las operaciones de endeudamiento no fueran públicas ni transparentes.

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Desde su mismo nacimiento como república soberana, en 1821, el Perú debió enfrentar serios problemas de endeudamiento externo y corrupción.


- El endeudamiento no ha guardado relación con el potencial productivo ni exportador del Perú. Los recursos financieros externos fueron gestionados sin efectuar una evaluación exhaustiva de la real capacidad del país para poder atender el servicio al que quedaba obligado. En muchas oportunidades se comprometió como garantía de los préstamos los recursos naturales del país, los activos del Estado o el producto de las aduanas e impuestos de la república. En forma irresponsable, los gobiernos y generaciones de turno obtuvieron financiamiento externo cuya amortización fue transferida a los gobiernos y generaciones posteriores. Esta tendencia a la "loca sucesión de empréstitos" -o como llamaríamos hoy al sobre-endeudamiento- llevo al país a incurrir en moratorias en cuatro oportunidades, aproximadamente cada cincuenta años. Ellas se produjeron en 1826, en 1876, en 1931 y en 1983.

- En muchos casos, la contratación del endeudamiento externo sirvió para que la soberanía del país se viera sustancialmente afectada por la fiscalización impuesta por los acreedores o sus representantes. La intervención extranjera no sólo se verificó en la segunda mitad del siglo XX, cuando el país se sometió a la condicionalidad impuesta por el FMI, el Banco Mundial o el BID. También ocurrió en el siglo XIX y en la primera mitad del siglo pasado, cuando los acreedores obligaron al Estado a no afectar las rentas públicas entregadas como garantía de la deuda en tanto existieran intereses por ser pagados o bonos pendientes de redención.

- En buena cuenta, la negociación de los préstamos del Perú fue siempre una transacción privada entre inescrupulosos intermediarios políticos, que actuaron en representación del país, e inescrupulosos intermediarios financieros extranjeros, que actuaron en nombre del capital internacional. Unidos por su interés en estas operaciones, ambos grupos de agentes intercambiaron compromisos de continuidad. Por un lado, los representantes de los gobiernos del Perú ofrecieron a los banqueros seguir contratando sus servicios; por el otro, los banqueros aseguraron a los intermediarios políticos seguir proveyéndoles de fondos para contribuir a su continuidad en el gobierno.

- Las operaciones de endeudamiento externo han sido muy costosas para el Perú, al haberse aceptado márgenes de intermediación y comisiones excesivas, el reintegro de gastos diversos y, en el caso de la emisión de bonos, elevados descuentos justificados como necesarios para atraer a los inversionistas. Estas prácticas hicieron que el costo pagado por el país para obtener los recursos externos fuera superior al costo efectivo de atracción de los fondos en el mercado internacional. Sirvieron también para alimentar la corrupción, al canalizar montos significativos de recursos al pago de las ambiciones personales de riqueza y poder de los políticos y financistas involucrados en las operaciones de endeudamiento.

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